A LOS PUEBLOS DEL ECUADOR Y DEL MULTIVERSO:
Desde KITU (Quito), en el Centro del Tiempo-Mundo, al norte del Tawantinsuyu, en el hoy llamado Ecuador, en este equinoccio de marzo, en el dĂ©cimo Pachakutek o Quinto Sol establecido por nuestros ancestros, convocamos a todos los hermanos y hermanas de las cuatro direcciones de toda la Madre Tierra, a retomar y seguir tejiendo el tapiz sagrado que dejaron nuestros abuelos. Llamamos a reconstituir los antiguos cĂrculos de
sabidurĂa, para restablecer la armonĂa y el equilibrio (Sumak) entre todos los seres de la creaciĂłn. A continuar con las guĂas y las tareas sagradas que nos dejaran las antiguas generaciones, -que ahora estĂĄn en nosotros -, de restituir lo intangible dentro de lo tangible, lo invisible dentro de lo visible.
Pedimos permiso y autorizaciĂłn de los Ancestros de todas las culturas lunares y solares de toda la humanidad. Pidiendo su bendiciĂłn y acompañamiento, iniciamos este nuevo recorrido en este perĂodo de transiciĂłn de la humanidad hacia una conciencia transparente y fecunda, con todos aquellos seres que sientan en su corazĂłn el llamado de las tradiciones ancestrales, reconociĂ©ndose y asumiĂ©ndose como hijos de la Madre Tierra: Allpa Mama, del Padre Sol: Yaya Inti, y de la Madre Luminosa Luna: Mama Killa, en conjunciĂłn con los principios creadores duales: Madre y Padre CĂłsmicos: Pacha Mama y Pacha Kamak.
***Vivimos tiempos sagrados especiales. Estamos viviendo un perĂodo de transiciĂłn entre un nivel y otro nivel de la conciencia humana. Es un tiempo de un nuevo despertar de la conciencia planetaria, de rencuentro a otro nivel entre la “ciencia” y la “espiritualidad”, despuĂ©s de mĂĄs de 3000 años de separaciĂłn. Proceso que se iniciĂł con el surgimiento de las religiones monoteĂstas y unicistas inventadas en el mundo semita, y posteriormente en la Grecia ideolĂłgica con el materialismo racionalista y su sociedad llamada "civilizada" y moderna”. Hasta antes de esta Ă©poca dislocada y disociadora, todos los pueblos de la Madre Tierra eran Culturas arraigadas a tradiciones duales: solares y lunares. Paulatinamente se fueron transformando en civilizaciones, acto que implicaba el alejarse de la naturaleza y
de sus ciclos vitales, ya que Ă©stos representaban el estado “salvaje y primitivo” de la vida. Las sociedades ancestrales que se regĂan por la marcaciĂłn astronĂłmica terminaron paulatinamente marcĂĄndose por la libertad, la democracia, el desarrollo, el modernismo… y que han tenido su cĂșspide mĂĄxima de barbarie capitalista en estos Ășltimos años.
La ciencia ancestral que guardaba armonĂa y equilibrio con el Todo, se transformĂł en una ciencia depredadora y elitista. La espiritualidad ancestral, mal llamada “animismo” y “paganismo”, que surgiĂł consustancial a la existencia misma del ser humano, terminĂł siendo opacada con el aparecimiento de las religiones canĂłnicas, eclesiĂĄsticas y jerĂĄrquicas. Hasta antes de ello, no existĂan profetas, libros sagrados, iglesias, mandamientos, ni nada que estableciera un sistema ortodoxo ni dogmĂĄtico de relaciĂłn con lo sagrado o lo divino. Cada pueblo vivĂa en Ăntima relaciĂłn con los ciclos vitales del cosmos y de la madre tierra, siendo Ă©ste el sistema que guiaba su vivir, un Vivir en ArmonĂa y Equilibrio (Sumak Kawsay) con todo. En el mundo judeo-cristiano, serĂa principalmente MoisĂ©s en declarar simbĂłlicamente en el Monte SinaĂ, la idea de un dios Ășnico, castigador, omnipotente, y de su habitaciĂłn en un cielo ideal, separado de los seres humanos y de toda la existencia infinita, despuĂ©s de que expulsara a AdĂĄn y Eva, los primeros seres humanos, de un tal “paraĂso” intangible, mas hecho a su medida.
En el mundo griego, PlatĂłn declararĂa esquizofrĂ©nicamente la separaciĂłn entre
hombre y naturaleza, decretando tĂĄcitamente la “inferioridad de la naturaleza” y la superioridad del ser humano, entre todas las formas de vida. Estos dos dogmas, producto del extravĂo de mentes disociadas de la naturaleza, se reencontrarĂan y se unificarĂan paulatinamente en el denominado Cercano Oriente, para crear lo que se conoce hoy en dĂa como la civilizaciĂłn occidental. Sistema totalmente opuesto y contradictorio a las sociedades ancestrales (incluido el mismo occidente) plenas de arquetipos solares y lunares; respetuosas de la dualidad, reciprocidad y complementariedad de los opuestos; de los principios de comunidad y diversidad humana y natural y, de la bĂșsqueda del “equilibrio en movimiento”. Principios que al ser alterados, ridiculizados y tergiversados, han servido de base a la constituciĂłn de peregrinas “ideas del hombre acerca del mundo”, es decir de vanas ideologĂas y no de cosmovisiones, las mismas que han legitimado las guerras de conquista y rapiña, empezando en el mismo “occidente” y luego en el mundo entero.
Luego serĂan los latinos, los encargados de imponer las religiones y sus ideologĂas arrogantes y antropocentristas a sangre y fuego por toda Europa. A su vez serĂan los europeos, -en nuestro caso los castellanos, ya que a la Ă©poca no existĂa España-, aquellos que la impondrĂan en AmĂ©rica o en Amaruka, como lo llamaban muchos pueblos ancestrales a este continente. Y asĂ, en otras regiones los holandeses, franceses e ingleses en el Ăfrica y el Asia, en estos sangrientos 500 años de colonizaciĂłn y neocolonizaciĂłn rapaz hacia los “pueblos salvajes” de los TrĂłpicos. En Asia, tambiĂ©n se fueron borrando las tradiciones ancestrales con los procesos de colonizaciĂłn, especialmente de la India y de la China, imponiendo desde el mundo semita el monoteĂsmo, el eurocentrismo y la competitividad, anulando asĂ todas las corrientes espirituales primordiales, tal como existĂan anteriormente en las culturas agrĂcolas y por lo tanto cultas de toda la Madre Tierra.
DespuĂ©s de 3000 años de la experiencia de la “civilizaciĂłn y su ciencia religiosa” basada en lo empĂrico, es decir, en el materialismo mecanicista y dogmĂĄtico; la humanidad tiene el desafĂo de retomar el sendero de las antiguas “culturas de la ciencia espiritual” y seguir tejiendo el camino de los pueblos de sabidurĂa que llegaron a un importante nivel, a vivir en
armonĂa y equilibrio (sumak kawsay) con su entorno y consigo mismos. Los
abuelos de sabidurĂa de este tiempo, dicen que estamos viviendo un perĂodo
crĂtico, en donde la humanidad tiene la oportunidad de saltar o no, a otro estado del espĂritu o de la conciencia. Las guĂas ancestrales, siempre hablaban de que en este tiempo se producirĂa un despertar espiritual mundial para el cambio.
ConcepciĂłn totalmente distinta a las visiones catastrofistas y apocalĂpticas que nos quieren vender en la televisiĂłn y en los supermercados; mĂĄs bien, todas aquellas “profecĂas” y simbolismos cĂclicos de los pueblos primordiales, se estĂĄn cumpliendo ya en todos los rincones del planeta. Sin embargo, en este despertar, al momento todo luce caĂłtico y desalineado, como todo brusco despertar, hasta que todo paulatinamente tome un cauce normal y un ritmo “natural”. Pero existe el riesgo, de que por un lado el mundo materialista, que mantiene el poder econĂłmico, polĂtico y religioso, termine sobreponiĂ©ndose por un perĂodo mĂĄs. Y por otro lado, que el movimiento espiritual moderno, que todavĂa estĂĄ imbuido por el idealismo y el mesianismo romĂĄntico, infectado y afectado por partidos, sectas y nuevas religiones, termine otra vez atrapado en el “delirium mystique”. La mayorĂa del movimiento new age y otros tipos de espiritualidad light, que dicen recoger y seguir la espiritualidad ancestral, en el fondo son nuevos dogmas religiosos con relumbrantes matices de comercio y de marketing.
En este contexto, creemos que es importante establecer una clara diferencia entre la ciencia materialista newtoniana, cartesiana, mecĂĄnica y racionalista, con la ciencia ancestral y la misma ciencia quĂĄntica moderna, que reciĂ©n la ha venido a confirmar y a validar. Y, asĂ mismo, distinguir entre religiĂłn y espiritualidad primordiales. En ambos casos, debe haber un claro propĂłsito de una distancia relajada y paulatina, para retomar el camino de sabidurĂa dibujado por los pueblos ancestrales, camino totalmente opuesto a la de los pueblos llamados “desarrollados” y “civilizados”. En el primer caso, propugnamos una nueva ciencia guiada y estructurada por principios naturales-ancestrales, es decir una tecnologĂa que respete y este acorde con las leyes de la naturaleza. Los pueblos ancestrales crearon una serie de “tecnologĂas”, en especial agrĂcolas, arquitectĂłnicas y astronĂłmicas, siempre procuraron “construirlas” en armonĂa y equilibrio con las leyes de la naturaleza y del cosmos. En el segundo caso, propugnamos una espiritualidad activa y caminante, alejada de toda forma sectaria, burocrĂĄtica y dogmĂĄtica, que siga a un personaje llamado lĂder espiritual o maestro ascendido o todavĂa por ascender, pues JesĂșs, Buda, Mahoma, Krishna, Mitra, Wirakocha, Quetzalcoatl o Zoroastro, no constituyen mĂĄs que alegorĂas y metĂĄforas de una originaria y comĂșn tradiciĂłn solar.
Creemos que se debe continuar las lĂneas solares y lunares establecidas y vividas en el mundo por mĂĄs de 20.000 años de experiencia humana natural, por las distintas naciones, pueblos y culturas, en todos los rincones de la Madre Tierra. Propugnamos una ciencia y espiritualidad guiada por las leyes de
complementariedad de los 4 elementos, que constituyen en su conjunciĂłn
armoniosa todo cuanto hay de diversidad y de similitud en esta vida.
Seguimos a los sabios andinos, que decĂan: preferimos seguir a la naturaleza porque los seres humanos tienden siempre a equivocarse. En este sentido, vemos que se estĂĄ generando una nueva humanidad, con caminantes de todos los colores y formas de expresiĂłn del planeta. Para ello es importante, que cada ser humano que ha nacido en un lugar geogrĂĄfico de la Madre Tierra, se reconozca y se asuma como hijo de esa tierra en particular, y no se siga sintiendo desarraigado (mestizo) porque sus ancestros sean africanos, europeos, asiĂĄticos o indo americanos… O que los indĂgenas o nativos de una regiĂłn, -que es lo que significa ese tĂ©rmino-, se crean los Ășnicos herederos de una tradiciĂłn, pues la tradiciĂłn solar y lunar corresponde a todos los hijos de la Madre Tierra, aunque con sus formas singulares locales y, ella no pertenece a ningĂșn pueblo en especial, superior, delegado, o “elegido” por dios para gobernar este planeta.
El idioma kichwa solo podĂa haber surgido en los Andes, el chino en el lejano oriente, el latĂn en el mediterrĂĄneo, el tsafiqui en tierras ecuatoriales, etc. Si bien, todos somos seres humanos y somos hermanos, incluidos los animales y las plantas, cada regiĂłn tiene su singularidad que en otra parte no se puede encontrar. AsĂ, cada pueblo ancestral en la posiciĂłn geogrĂĄfica que le tocĂł vivir, estableciĂł una arquitectura, una tecnologĂa, una cultura particular en su forma; pero siempre en su esencia expresada en relaciĂłn con las marcaciones cĂłsmicas: solares, lunares y constelares.
En esta perspectiva, creemos que debemos retomar estos principios de vida, para recrear comunidades activas que retomen las tradiciones milenarias de los pueblos primordiales de cada regiĂłn del planeta, para reafirmarlas, consolidarlas y proyectarlas en estos tiempos de reordenamiento. No importa si su color es rojo, amarillo, verde o cualquiera del arco en el cielo; lo importante es que se interrelacione con la particularidad de la posiciĂłn geogrĂĄfica en la que vive, y se sienta en comuniĂłn e integraciĂłn con la conciencia cĂłsmica. No creemos en fronteras ni en nacionalismos a ultranza, pero tampoco caemos en el juego de la globalizaciĂłn y el uniformismo, para llegar a lucrar de un ser humano “comĂșn y corriente”, plano, desmemoriado y sin tradiciĂłn ancestral.
Creemos que para que haya universalidad debe haber singularidad, sino todo es una utopĂa, una ilusiĂłn; es un hĂbrido (mestizo) sin sentido y aquello, a la final se descompone y se pudre como toda mala mezcla y toda mala combinaciĂłn, que es lo que estĂĄ pasando con los movimientos espirituales, polĂticos, culturales de estos tiempos. AsĂ, creemos que el punto de partida, la flecha inicial o vector, es reconocerse en una identidad natural-cultural primordial, para luego asimilarse en otras identidades locales,
regionales, y cĂłsmicas... De esta manera, simplemente caminar haciendo
comunidad en lo cotidiano, para que desaparezcan toda forma de racismo, de
etnocentrismo, de androcentrismo, de anatopismo, de consumismo, de
desarrollismo, de liberalismo, de capitalismo, de modernismo y post modernismo; todos estos inventos imaginarios de las modas globalizadoras y arrogantes, que han llevado a la debacle de la humanidad en estos Ășltimos 2.000 años.
Sentimos que este regreso “salvaje”, “primitivo” e “incivilizado” de lo ancestral, de lo primordial y de lo natural y, de los naturales, permitirĂĄ construir una sociedad y un mundo donde se restablezca la armonĂa y el equilibrio, como suprema forma de vida sabia y plena: Sumak Kawsay/ Vivir en ArmonĂa y Equilibrio. En este sentido, llamamos a despertar en cada regiĂłn al espĂritu o energĂa de cada lugar, de cada espacio/tiempo, representado siglos atrĂĄs por las naciones ancestrales, a las que pretendieron aniquilarlas y con ello borrar su tradiciĂłn; pero para ello estamos nosotros nuevamente para seguir enarbolĂĄndolas.
No hay nada que inventar ni esperar: ni sociedades ni mundos futuros utĂłpicos o ideales; los pueblos ancestrales vivieron en las leyes de la armonĂa y del equilibrio dinĂĄmico de la naturaleza, y solo hay que seguir adentrĂĄndose cada vez mĂĄs en ellas. No queremos volver al pasado, sino retornar al presente, caminando con la guĂa y experiencia del pasado, para vivir intensamente, aquĂ y ahora, con y en esta nueva humanidad... Basta de grandes hombres, de lĂderes, de mĂĄrtires, de ideĂłlogos, de teĂłricos, de polĂticos mesiĂĄnicos y salvadores, que de tiempo en tiempo crean un
dogma y que despuĂ©s de fulgurar como centellas, se convierten despuĂ©s en una “moda” que es reemplazada por otra de mĂĄs relumbrĂłn.
Las leyes de la naturaleza y del espĂritu son inmutables e infinitas, estĂĄn ahĂ girando ante nuestros ojos y oĂdos, anclĂĄndonos a la tierra y elevĂĄndonos al cielo. Para quĂ© seguir dando mĂĄs oportunidad a la esquizofrenia separativa del racionalismo, cuando la verdad cĂłsmica es total y holĂstica, estĂĄ escondida en el aire que respiramos y sigue apareciendo en todas las Ă©pocas y sitios que ha habitado el ser humano. La Ășnica verdad, en todos los tiempos y lugares, es que todos tenemos hambre, sueño, frĂo, alegrĂa, miedo, amor… y, que solo las leyes de la naturaleza que se ejercen en armonĂa y en sincronĂa con la existencia, son nuestras mejores guĂas.
Todas las demĂĄs teorĂas, son inventos del ego humano, segĂșn las ansiedades, delirios y neurosis de cada inventor. TeorĂas, que mientras mĂĄs alejadas de las leyes y categorĂas de la naturaleza y del cosmos se hallen, mĂĄs alejadas de la realidad se encuentran, y por el contrario, estĂĄn mĂĄs cerca de la miseria humana, del sufrimiento, del dolor del planeta y de sus caminantes que somos nosotros. Y, viceversa: quiĂ©n se acerca mĂĄs a la naturaleza, y se da cuenta que lo sagrado y lo natural ya estĂĄn en su interior y no fuera de sĂ mismos, estĂĄ cada vez mĂĄs cerca de lo profundo, de lo bello, de lo sublime, de lo verdaderamente espiritual. AsĂ lo han dicho todos los pueblos y seres sabios en todos los espacios y en todas las Ă©pocas de la humanidad. No hay nada nuevo bajo el padre sol, solo los autoproclamados iluminados o civilizadores, que andan difundiendo cada vez “nuevas verdades”, que son solamente nuevos engaños de novĂsima ilusiĂłn.
La verdad cĂłsmica es la verdad de la vida, y los pueblos solares y lunares ya lo vivieron hace siglos, y ella existe en los genes y en la memoria espiritual-natural de cada uno de nosotros, solo tenemos que despertarla y activarla para vivirla en nuestros respectivos caminos. Recordar lo que ya sabemos serĂĄ la clave, porque llevamos en nosotros la inteligencia y el sentimiento de la naturaleza, del cosmos, del amor, del gran espĂritu, que son diferentes expresiones de lo mismo, en diferentes estados y presentaciones. Todo es como es, y no como quisieran ciertos “seres humanos” que fuera la vida para su beneficio. La vida estĂĄ hecha asĂ y solo hay que vivirla en las leyes y misterios de su manifestaciĂłn infinita.
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